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    CAMINOS DE RENOVACION HUMANA

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    Arturo Mendoza
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    CAMINOS DE RENOVACION HUMANA

    Mensaje  Arturo Mendoza el Vie 19 Feb 2010 - 8:45

    CAMINOS DE RENOVACION HUMANA
    Nuestra época clama por una humanidad diferente. El menosprecio por las personas, el uso indebido de drogas, los crímenes, las violaciones, las injusticias, el hambre, las diferentes formas de expresión de la violencia, etc., nos hacen anhelar una nueva humanidad y un mundo diferente. Pero... ¿se trata tan sólo de un anhelo, o hay algo que podemos hacer para contribuir a la concreción del hombre nuevo? Si es así... ¿qué clase de hombre nuevo necesitamos y en qué y cómo podemos ayudarlo?
    Nuestra reflexión cristiana debe tener en cuenta otros intentos que se están realizando en pos de la renovación y reeducación de la vida humana. Aunque estos intentos no coinciden necesariamente con la fe cristiana en todos sus aspectos, ciertamente muestran puntos de contacto con ella. Además, forman parte de la cultura donde el cristiano está inmerso y donde debe ofrecer su testimonio.
    La reflexión teológico debe tener en cuenta tres factores fundamentales: la revelación divina a través del mensaje bíblico y la obra y testimonio del Espíritu Santo; la experiencia histórica, tanto de la iglesia como del mundo, y finalmente el contexto histórico en que nos toca vivir. Estos tres elementos son indispensables para que la reflexión teológica sea pertinente a nuestra situación.
    Hay dos intentos de renovación humana que merecen la seria consideración de todo aquel que desee reflexionar seriamente sobre el hombre nuevo: el psicológico y el sociológico.
    LA RENOVACION HUMANA Y LA PSICOLOGIA
    Hay muchos puntos de contacto, y también grandes diferencias, entre el esquema psicológico y el cristiano con relación a la concreción de una vida renovada. Entre los puntos de contacto y diferenciación consideraremos tres: 1. El concepto de pecado; 2. La justificación; y 3. La plenitud de vida (santificación o completamiento de la condición humana).
    1. El concepto de pecado. En la Biblia se utilizan varios términos para expresar la idea de pecado. Deriva de una raíz que significa literalmente “errar el blanco”. Pensemos en el arquero que dispara su flecha sin dar en el objetivo propuesto. La flecha que disparamos, o que dejamos de disparar, es nuestra propia vida. Toda vida tiene un objetivo que alcanzar: si no lo logramos, estamos en pecado.
    De esta manera habría dos formas de pecado: la del que en su mediocridad no dispara su flecha, y la de aquél que la dispara sin dar en el blanco. Podríamos afirmar que el pecado, en cuanto hamartia, es una frustración existencias tanto del hombre impotente para disparar su flecha como del hombre impotente para dar en el blanco. Pecado es, pues, la alienación de la persona del objetivo que Dios le ha propuesto para su vida. Pecado es todo aquello que conspira contra el logro del completamiento de la condición humana según el modelo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo.
    El concepto de frustración es suficientemente conocido y no necesitamos aquí intentar una definición exacta del término. Tras haber presentado los puntos de contacto, veamos ahora las diferencias. En la psicología la frustración no tiene implicaciones trascendentes; por el contrario, en la Biblia el pecado tiene que ver no sólo con las frustraciones aquí en esta vida sino también con el destino eterno del pecador. Las frustraciones y los demás problemas psicológicos pueden ser superados por la exclusiva acción del hombre, pero el perdón de los pecados acontece solamente por el concurso del hombre y de Dios. El hombre se arrepiente y Dios le otorga el perdón mediante la fe en Jesucristo, quien ha realizado en su lugar el sacrificio expiatorio de la Cruz del Calvario.
    Parecería una exageración la del rabino Josué L. Liebman cuando afirma que “la religión tiene ahora un aliado en lo que puede llamarse psicología revelada”.1 Por ser la psicología un importante aspecto de nuestra cultura, es evidente que no puede estar ausente de ninguna reflexión teológica seria sobre el ser humano. En su obra Teología de la cultura, el teólogo Paul Tillich afirma que la psicología hace varias contribuciones fundamentales a la reflexión teológica:2 a) El descubrimiento del inmenso material de psicología profunda que encontramos en la literatura bíblica de hasta casi tres mil años de antigüedad. Ya en otra ocasión me he referido a la narración bíblica sobre Adán y Eva como ilustración del sentimiento de culpa, el temor de los mecanismos inconscientes de racionalización y proyección.3 b) El descubrimiento del significado de la palabra pecado. Tillich sostiene que esta palabra se ha hecho ininteligible debido a la identificación que generalmente se hace entre “los pecados” y “el pecado” y por la identificación de “los pecados” con ciertos actos que no son convencionales o socialmente aprobados. Para Tillich el pecado es la separación, la enajenación del ser esencial de uno. c) La psicología ayuda a la teología a descubrir las estructuras demoníacas que determinan nuestra conciencia y nuestras decisiones. d) La teología puede y debe vencer al moralismo; la psicología y el existencialismo lo ponen de manifiesto. Para Tillich la moralidad es la autoafirmación de nuestro ser esencial y por lo tanto es absoluta; los moralismos, por el contrario, son relativos.
    Si bien hamartia y frustración no son términos sinónimos, se enriquecen mutuamente y resultan de gran valor tanto para el psicólogo como para el teólogo.
    Otro binomio a analizar es paraptoma-neurosis. Paraptoma es una palabra griega que procede del verbo caer (se trata de una caída, de un resbalón, de una falla personal). La neurosis es un trastorno menor de la personalidad; el neurótico, aun sin perder su contacto con la realidad, experimenta la angustia de su incapacidad para manejar sus conflictos internos o concretar una respuesta adecuada. En términos psicoanalíticos la neurosis es el estado de inadecuación del yo al no poder establecer el equilibrio entre las fuerzas en pugna del Superyo y del Ello.
    El pecado como paraptoma y la neurosis producen por igual situaciones angustiosas, sentimientos de culpa conscientes e inconscientes y deseos de obtener la aprobación de los demás la solución, como en el binomio anterior, muestra diferentes niveles: la neurosis se resuelve, por lo general, a nivel terapéutico, mientras que el paraptoma requiere el concurso de la acción divino-humana. Es difícil establecer una clara línea de demarcación entre uno y otro.
    En el caso de la psicología pastoral se tiene en cuenta ambos aspectos, ya que el creyente puede resolver sus problemas teológicos pero seguir siendo neurótico, o puede aceptar el perdón de Dios y al mismo tiempo no ser capaz de perdonarse a sí mismo.
    2. El concepto de justificación. Para el cristiano, la justificación es la superación del estado de pecado; para el hombre común el ajuste es la superación del nivel de neurosis que le ha impedido el máximo de eficacia de que es capaz. Ajuste y justificación poseen características similares, pero también grandes diferencias. A veces la justificación mueve al desajuste más que al ajuste. No es cuestión de adaptarse a la medida común del medio donde se actúa; el cristiano debe ajustarse al modelo que Dios le ofrece en Jesucristo, que, por lo general, está reñido con el que le ofrece la sociedad en que vive. El cristiano no se conforma a su medio, trata de conformarse a Jesucristo.
    3. El concepto de santificación, entendido como completamiento de la condición humana según el modelo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo, no tiene paralelo en la psicología. La psicología se conforma con ayudar al individuo a adaptarse al medio considerado normal. Luego, si bien a través de técnicas psicoterapéuticas el hombre puede lograr cierto grado de salud mental, no es el propósito de la psicología lograr el hombre nuevo tal como lo presenta el mensaje bíblico. No obstante, aquél que ha superado una profunda crisis emocional siente, por comparación, que ha encontrado una vida nueva. De lo que está fuera de lo común ha pasado a ser como el común de la gente. Pero la meta del hombre nuevo es ser anormal, es decir, situarse fuera de la norma de una sociedad corrompida por el pecado individual y social. Ser como Jesucristo es estar fuera de la norma común. El hombre nuevo es anormal ascendente; el esclavo del pecado es anormal descendente. El cristiano normal es alérgico al pecado, pero no su esclavo. Jesucristo lo ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte.
    Algunas de mis conferencias donde he señalado coincidencias entre el esquema psicológico y el bíblico con relación a la renovación de la vida, han suscitado inquietudes de esta índole: "¿La comprensión de ciertas actitudes humanas por medio de la psicología… no debilita el concepto de pecado? La Biblia afirma que el adulterio es pecado, pero en algunos casos la psicología nos muestra que la persona adúltera es víctima de circunstancias adversas... ¿cómo va a juzgar Dios a personas que son víctimas de ciertos condicionamientos de su historia personal y familiar? ¿No existe el peligro de caer en un relativismo moral?".
    Ante tales preguntas suelo dar respuestas muy sencillas, por ejemplo: el pecado siempre es pecado, pero es más fácil eliminarlo cuando se conocen sus causas reales, por lo menos a nivel humano; el conocimiento de las causas profundas del pecado no tiene como propósito aprobarlo o condenarlo, sino comprender al pecador y ayudarlo a comprenderse para dar los pasos necesarios a fin de salir de su situación; en todo hombre, la coexistencia del pecado y de la imagen de Dios siempre produce tensión; todo hombre lleva dentro de sí su propio juez, a veces implacable; abrir la puerta a la comprensión no significa cerrarla a la santidad; abrir la puerta al amor no significa cerrarla a la justicia de Dios; Dios nos mira con amor, pero a nosotros nos gusta mirar a nuestro prójimo con juicio.
    Personalmente no sobrevaloro el aporte de la psicología, pero no tengo derecho a desconocerla como ciencia auxiliar de la teología. No creo que haya una psicología todopoderosa capaz de crear un hombre terapizado que - como la leche pasteurizada -, esté libre de todos los contenidos enfermizos o enfermantes. El hombre es un ser pecador y como tal no podrá renovarse exclusivamente por su esfuerzo personal. El hombre nuevo sólo puede acontecer por la acción del Espíritu Santo y su propia colaboración en el proceso hacia una realización humana. La psicología se ubica dentro de la colaboración de la persona para el logro de su objetivo en Jesucristo. La psicología puede ser un aliado de la teología pastoral, no necesariamente su enemiga.
    Hemos conocido casos de “Testigos de Jehová" que han dejado morir a sus familiares por no haber autorizado una transfusión de sangre “por motivos de fe”. Igualmente culpable es el cristiano que no procura ayuda profesional a un familiar con trastornos psíquicos. En América Latina he escuchado muchas veces que el creyente se cura por la fe y que acudir a un psicólogo es síntoma de falta de fe. Uno se enferma de la mente como podría enfermarse del hígado o de los pulmones. En casos límites la concreción del hombre nuevo podría comenzar por el consultorio del profesional para ser complementada por la acción pastoral. Para lograr el crecimiento espiritual se necesita, como base, cierto grado de salud mental. Claro que hay profesionales - incluidos algunos “evangélicos” -, a los cuales yo no recomendaría.
    LA RENOVACION HUMANA Y LA SOCIOLOGIA
    Dentro del campo de la sociología, el marxisrno aspira a lograr el hombre nuevo. Es muy probable que Marx haya descubierto el concepto de hombre nuevo en la Biblia, pero el suyo propio conlleva un sentido materialista, al igual que su comprensión de la dialéctica de Hegel. Para Marx la materia es la única realidad infinita en el espacio y en el tiempo. A través de la evolución se ha logrado un producto material superior al cual llamamos espíritu. En el esquema marxista el hombre es el producto de la evolución.
    El humanismo marxista confía en la capacidad del hombre para alcanzar la perfección por su propio esfuerzo. El hombre nuevo es, pues, la creación del hombre. El trabajo se convierte en el absoluto del hombre. Recuerdo una experiencia vivida en Cuba a principios de la década del sesenta. Viajaba en auto desde La Habana a Matanzas y recogí por el camino un militar que me hizo señas para que lo llevara. Charlamos durante el viaje y al despedirnos le dije: “Que Dios le bendiga”, a lo que el militar respondió: “El único que a mí me bendice es el trabajo”.
    Según la filosofía marxista, es el trabajo lo que convirtió al antropoide en hombre y aun continúa humanizándolo. Luego el hombre se crea a sí mismo mediante el trabajo. Este concepto, que Marx heredó de Hegel, pugnaba con la dura realidad que Marx estaba percibiendo: el trabajo se había animalizado y animalizaba al hombre. Marx llegó a la conclusión de que cuando el hombre vende la fuerza de su trabajo, también está vendiendo su posibilidad de autocreación - en consecuencia se aliena y hace posible la alienación de su prójimo -. Es por eso que el marxismo afirma que en una sociedad donde no exista la propiedad privada, en lugar de alienarse el hombre se autocreará por medio del trabajo.
    El concepto marxista de alienación tiene ciertos puntos de contacto con el concepto bíblico de pecado como hamartia. Marx toma de Hegel su concepto de alienación; a su vez Hegel se había servido de las principales doctrinas bíblicas como modelos para sus reflexiones filosóficas. Se dice que la dialéctica (tesis-antítesis-síntesis), le fue sugerida por el dogma de la Trinidad y que el concepto bíblico de pecado inspiró el desarrollo de su concepto de alienación. Una persona está alienada cuando no es lo que debiera ser, cuando se convierte en un extraño para sí mismo. Marx consideró a la religión corno una alienación, y a Dios como la representación de los anhelos, sueños y fuerzas que el hombre transfiere a un ser inexistente. Cuando el hombre proyecta energías a algo que le es externo, pierde contacto con sus propias posibilidades. De allí, afirma Marx, que mientras más fuerte sea el “dios”, más débil y miserable será el hombre. La religión es, pues, para Marx, el reflejo de la naturaleza humana. Dicho de otra manera, “dios” es el espejo del hombre.
    Marx sostiene que la llamada alienación religiosa es de carácter secundario, y que lo más grave es la alienación del trabajo. La alienación religiosa sería el resultado directo de la alienación económica.
    Desde el punto de vista de la filosofía marxista el hombre nuevo surgirá al final de la historia cuando la revolución comunista haya triunfado en todo el mundo. El marxismo tiene pues su escatología en intento de realización. El problema es que para llegar al objetivo final, el hombre común en los países comunistas donde el comunismo ha triunfado, es sometido a un proceso de reeducación por medio de estímulos y presiones muy fuertes. Raúl Castro lo dijo explícitamente en un discurso en La Habana: “La revolución es un tren, y hay sólo dos posibilidades: o suben al tren o éste les pasa por encima”. El hombre común deberá soportar la “dictadura del proletariado” - la cual no se ejerce solamente sobre la clase social que ha sido quebrantada, sino también sobre los que integran la clase trabajadora -, renunciar a su capacidad de interpretar la realidad en que vive y aceptar pasivamente la interpretación oficial. En fin, el hombre de los países dominados por el comunismo deberá renunciar a sí mismo, es decir, deberá alienarse para lograr la desalienación. Se verá obligado a aceptar que es un hombre de transición, un precursor del hombre nuevo que aparecerá en un mañana que se presenta como un signo de interrogación. El hombre debe aceptar, por fe, este esquema escatológico o se verá obligado a someterse por la fuerza. Se pretende llegar a la desalienación por el camino de la alienación. Por el contrario, en el cristianismo el hombre se arrepiente y renuncia a sí mismo como esclavo del pecado por decisión personal. A pesar de tener más poder que todos los comunistas juntos, Dios no usa la fuerza para quebrantar al hombre, porque lo respeta.
    El marxismo no sólo aliena al hombre de sí al pretender disolverlo en la masa; también lo aliena de Dios. La imagen de Dios está presente en todo hombre, creyente o incrédulo, y jamás el hombre podrá alcanzar su plena realización separado de Dios: en ese caso estará separado de sí mismo y del Dios Trascendente. El marxismo ateo jamás logrará concretar una humanidad plenamente humana porque está divorciado de las realidades espirituales.
    Para alcanzar el hombre nuevo, en un sistema marxista, el hombre debe renunciar a sí mismo y someterse a la disciplina del partido, que decidirá por él. Esto parece un calco de las palabras de Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz, y sígame”.4 El partido, o la clase dominante que lo represente, ocupan el lugar que le corresponde a Dios. La lealtad del marxista a su causa debe estar por encima de su amor por sus seres queridos. Muchos marxistas han denunciado a sus padres y éstos han perecido frente al paredón de fusilamiento. Esta actitud de ciega obediencia a un absoluto nos recuerda las palabras de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a su hijo o hija más que a mí, no es digno de mí".5 Dentro de la fe cristiana la diferencia estriba en que el hombre se determina por el amor, que debe ser expresado en su mayor intensidad para Dios y en menor para los demás afectos del hombre. En el marxismo el odio al opresor es el motor de la conducta. Por lo general se odia más al opresor que lo que se ama al oprimido. Jesús anuncia que en las persecuciones venideras “el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir”.6 He visto de qué modo esta premonición se cumplía en Cuba entre aquellos que no creían en Jesucristo como Señor y Salvador.
    Para el marxismo la producción del hombre nuevo es resultado del trabajo del hombre genérico, mientras que para la fe cristiana la creación del hombre nuevo es posible mediante la acción de un hombre histórico: Jesucristo. El es el modelo y nos ha enviado su Espíritu Santo para que continúe su ministerio sobre la tierra. Cuando el hombre se encuentra con Jesucristo, se encuentra consigo mismo, con Dios y con su prójimo.
    A pesar de todo cuanto hemos dicho del marxismo, en él hay elementos positivos que podemos incorporar a nuestra reflexión teológica. Ya hemos expresado que nuestra cultura es uno de los ingredientes básicos para una reflexión teológica pertinente a nuestra situación. Es evidente que la filosofía marxista forma parte de nuestra cultura, ya sea para atacarla o para difundirla.
    Decir que debemos incorporar ciertos elementos del análisis marxista de la realidad a nuestras reflexiones teológicas significa aceptar conscientemente lo que ya hemos hecho en forma inconsciente. Esto no es necesariamente una adulteración de la doctrina cristiana: significa descubrir nuevos vehículos de comunicación del Evangelio en una cultura que ya no es la de los Evangelios. En su momento también lo hizo San Juan - cuando introdujo el concepto filosófico pagano del logos (palabra, verbo) en su Evangelio7 -, y San Pablo - cuando predicó en Atenas de la misma manera que lo hubieran hecho los filósofos estoicos y epicúreos8 o cuando introdujo el concepto de soma(tomado del estoicismo vulgar y del naciente gnosticismo), para referirse a la Iglesia como el cuerpo (soma) de Cristo9.
    Comúnmente resulta más fácil afirmar que Freud ha hecho un aporte a la teología pastoral que decir lo mismo sobre Marx con relación a la teología en general. Sin embargo, debemos aceptar conscientemente lo que sí es innegable en ambos pensadores. A veces olvidamos que también Freud afirmó ser ateo y que escribió libros antirreligiosos como Totem y tabú (1913), y El futuro de una ilusión (1927).
    He de limitarme a enumerar algunas contribuciones indirectas del marxismo a la reflexión teológica:
    l. El descubrimiento de que el Reino de Dios es el tema central de la predicación de Jesús. Recién en el siglo XX la teología se ha ocupado seriamente del Reino de Dios en la predicación de Jesús.10 En mi opinión, la influencia inconsciente del esquema marxista es evidente.
    2. El marxismo levantó banderas que la Iglesia había dejado caer y olvidado. El concepto de hombre nuevo es una de ellas.
    3. La dimensión social del evangelio ha sido redescubierta en los últimos tiempos. El énfasis exclusivo en la salvación del alma es abandonado paulatinamente. Hoy se proclama la salvación del hombre. Es evidente que todo lo social cabe dentro del evangelio, pero no todo el evangelio cabe dentro de lo social.
    4. La teología cristiana ha sido muy influida por el dualismo griego, de allí entonces el predominio durante siglos del énfasis exclusivo en la salvación del alma. De Platón se ha heredado cierto menosprecio por el trabajo manual; muchos “intelectuales” creen que es denigrante trabajar con sus manos y que los que trabajan con sus manos son inferiores. Esa idea está tomada de la República de Platón, pero no tiene nada que ver con el mensaje bíblico. Recuerdo que cuando asumí al rectorado del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (Cuba), comprobé que el encargado de los sembrados había renunciado. Había mucho maíz listo para ser cosechado y entonces pedí a los estudiantes que ayudaran en la recolección. Recuerdo que uno de ellos me contestó: “Usted me ofende; yo no soy cualquier cosa, soy un estudiante de teología”. “Yo también, le contesté, y por eso voy a recoger maíz con los otros estudiantes”. Levantamos la cosecha sin ayuda de ese estudiante. El marxismo nos desafía a desarrollar una teología del trabajo para nuestra situación cambiante. En las Escrituras abunda materia prima, y nuestro contexto nos estimula. Por eso todos los que pretendamos hacer teología en América Latina debemos renunciar a la autosuficiencia y reconocer humildemente que somos estudiantes de teología aunque tengamos un doctorado.
    LA REDENCION CRISTIANA
    Al comenzar este capítulo nos preguntamos si hay algo que podemos hacer para contribuir a la concreción del hombre nuevo. La respuesta psicológica sería: “Sí, abrirnos a la psicoterapia para superar nuestras deficiencias personales”. La respuesta del esquema marxista sería: “Sí, hay dos cosas que podemos hacer: trabajar y obedecer”. La respuesta cristiana sería: “Sí, podemos ser colaboradores de Dios para el logro de nuestra plena redención y la concreción del hombre nuevo”. Esa colaboración debe ser entendida en el sentido de synergoi, “compañero de trabajo” de Dios, como afirma San Pablo en 1 Corintios 3:9. No se trata de que el hombre logre por sí mismo su redención, como pretenden los marxistas." Sin la obra de Cristo no hay redención para el individuo, y sin arrepentimiento del hombre tampoco.
    Ya hemos señalado la dimensión moral del concepto de hombre-imagen de Dios y la correlación de este concepto con el de hombre nuevo. Podemos colaborar con nuestra redención horizontal si tomamos a Jesucristo como modelo de humanidad, ofreciéndole absoluta lealtad, confiando plenamente en él, obedeciendo sus mandatos y comprometiéndonos en la extensión de su Reino.
    En el Nuevo Testamento la redención aparece como un proceso dialéctico que marcha hacia su consumación. Esta dialéctica se expresa a través de la tensión entre lo que ya se tiene y lo que todavía falta. En la Epístola a los Efesios se manifiesta con mucha claridad en la aparente contradicción entre 1:7 y 4:30. En el primer pasaje la redención es una realidad poseída, y en el segundo una meta que alcanzar. Efesios 1:7 se refiere a los aspectos verticales de la redención: reconciliación con Dios, perdón de los pecados, vida eterna. En este sentido el creyente puede alcanzar la absoluta certeza de su redención por la fe en Jesucristo y el arrepentimiento del pecado. Por el contrario, en la dimensión horizontal de la redención - que se “refiere a la liberación” histórica del hombre de situaciones esclavizantes en la vida cotidiana - ésta no se logra en forma instantánea. Mientras exista algo que impida o retarde la plena realización humana, la redención cristiana aun no se ha consumado.
    La dimensión horizontal de la redención cristiana surge en la Biblia a través de los conceptos de Jesucristo como imagen de Dios, segundo Adán, hombre nuevo y hombre perfecto. La redención se concreta a medida que el hombre nuevo se hace real en la vida del creyente.
    La redención, en su dimensión horizontal, tiene que ver con la totalidad de la vida del hombre. Un diagrama ha de servirnos para representar algunas de las áreas de la redención cristiana. Las cinco áreas unidas arriba son el producto del contacto con Dios. Es evidente que este esquema es válido sólo para la dimensión horizontal; la vertical no necesita representación gráfica para su clara comprensión.

    Analizamos enseguida cada una de las áreas del gráfico.
    Área de las relaciones interpersonales afectivas. Este tipo de relaciones se expresa en dos maneras: con Dios y con el prójimo. La persona necesita para vivir del afecto tanto como del oxígeno. La cantidad de oxígeno del aire debe mantenerse equilibrada, ya que si falta o sobreabunda morimos. El amor también lo necesitamos en adecuado equilibrio; el amor no debe ser sobreprotector ni descuidado sino equilibrado. Es fundamental que la familia cristiana viva en la atmósfera de un auténtico amor para que sus miembros puedan desarrollarse mentalmente sanos y espiritualmente cultivados. Hay muchos cristianos que conciben la redención cristiana sólo a nivel vertical y en forma individualista, sin darse cuenta de que causan serios daños a su familia; ¡después se lamentan de tener familiares inconversos y alérgicos al Evangelio! Las buenas intenciones no son suficientes. La acción redentora de Dios en este campo se manifiesta de muchas maneras; el asesoramiento pastoral es una creciente necesidad en nuestro medio.
    Area del equilibrio personal. Como en la anterior, la psicología pastoral puede hacer aquí un gran aporte; su contribución a la redención no está reñida con este aspecto de la plena realización de la vida humana en Jesucristo. El cristiano es un ser humano, no un ser sobrenatural, por lo tanto tiene que encarar situaciones conflictivas externas y tensiones internas debidas a su dificultad para equilibrar las fuerzas contradictorias que luchan dentro de sí. Conozco cristianos que disfrutan plenamente de la dimensión vertical de la redención; saben que Dios les ha perdonado sus pecados, pero no logran alcanzar el equilibrio personal porque son incapaces de perdonarse. La redención cristiana - en lo que se refiere al equilibrio personal -, es inalcanzable hasta que el creyente haya logrado liberarse del sentimiento de culpa inconsciente."
    Area de la moral. Está íntimamente relacionada con la segunda. Es muy difícil establecer una clara línea demarcatoria entre ambas. Ya hemos visto la importancia de la dimensión moral para la concreción del hombre nuevo. Mientras que el hombre sigue sujeto al pecado, la plena redención para el aquí y el ahora está muy lejos de realizarse; tanto en el nivel vertical como en el horizontal, nuestras acciones pecaminosas nos afectan y dañan a los demás. En el Nuevo Testamento el concepto de hombre nuevo se presenta siempre dentro de un contexto ético-moral. La redención tiene que ver, necesariamente, con nuestra manera de encarar la vida: necesitamos entonces una ética cristiana que sirva de orientación a los creyentes para la convivencia edificante y el testimonio en un mundo que cambia y marcha hacia un mañana incierto.
    Area de las necesidades socio-políticas y económicas. En algunos casos particulares la buena nueva para el individuo es el ofrecimiento de un buen empleo que le brinde seguridades que antes nunca tuvo o que ha perdido. Pero pecaríamos de simplistas y reduccionistas si creyéramos que la redención se agota en lo socio-económico y político.
    Al leer estas páginas, más de uno podrá preguntarse, ¿qué tiene que ver la política con la redención? Cuando se habla de política suele haber un problema semántica ya que se barajan muchos significados diferentes para una sola palabra. Las relaciones interpersonales y el interés mutuo nos conducen necesariamente a la política. Cuando reflexionamos sobre la forma en que unas personas se relacionan con otras en un mundo que en menos de treinta años duplicará su población; cuando tomamos en serio el problema del hambre en toda su gravedad; cuando calculamos las viviendas que necesitarán las nuevas generaciones, sumadas a las que ya están haciendo falta, estamos pensando políticamente y nos urge actuar en ese sentido. No vale la pena dedicar espacio a discusiones bizantinas; millones de niños siguen naciendo y la longevidad se prolonga. Es evidente que las estructuras socio-económicas y políticas serán reventadas por el crecimiento de la población así como el agua, al parecer poco consistente, revienta las cañerías cuando llega el frío. Un nuevo orden, seguramente diferente al de las dos potencias que hoy se disputan el mundo, habrá de surgir necesariamente. Los cristianos debemos estar alertas para descubrir la acción de Dios y así hacer nuestro aporte.
    La redención del individuo y de la sociedad ha de conducirnos al tipo de madurez humana que necesitamos. Sí, también el cristiano necesita madurez política para hacer su aporte a la obra redentora de Dios, a través de su ministerio.
    Necesitamos madurar dentro de cada una de las cinco áreas de la redención que hemos bosquejado. Son igualmente importantes, y la redención cristiana no se consumará hasta que todo el hombre y todos los hombres hayamos logrado el completamiento de nuestra condición humana según el modelo de Jesucristo.
    PARA REFLEXIONAR
    Es evidente que nuestro contexto cultural influye sobre nuestras decisiones y acciones; por ejemplo, nuestra sociedad competitiva favorece el individualismo que dificulta la integración de las parejas en el matrimonio.
    La difícil situación económica, las tensiones psicológicas y los medios masivos de comunicación - que no siempre se utilizan adecuadamente -, contribuyen a que la familia tipo se vea envuelta en situaciones difíciles. Puesto que la familia es el fundamento de la sociedad humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión y la acción teológica pastoral.
    l. ¿Hasta qué punto la Psicología puede ayudar en los aspectos horizontales de la redención? ¿Cuáles son los límites?
    2. ¿Hasta qué punto el enfoque marxista de la realidad puede ayudarnos a comprender aspectos de la redención horizontal? ¿Cuáles son los peligros de tal ayuda?
    3. ¿Por qué - para la mayoría de los cristianos -, resulta más fácil aceptar el aporte de Freud que el de Marx a la reflexión teológico actual, si ambos han profesado el ateísmo?
    4. ¿Qué elementos bíblicos servirían como materia prima para elaborar una teología del trabajo?
    5. ¿Qué elementos podrían añadirse a los presentados en este capítulo sobre las cinco áreas de la redención horizontal? ¿Qué otras áreas deberían ser incluidas?
    6. ¿Cómo debería ser un sistema socioeconómico y político que interprete la totalidad de la redención cristiana?
    León, Jorge A.: ¿Es Posible El Hombre Nuevo? : León, Jorge A. Buenos Aires, Argentina.

      Fecha y hora actual: Lun 24 Sep 2018 - 7:09