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    El evangelio y la cultura del adolescente

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    El evangelio y la cultura del adolescente

    Mensaje  administrador el Miér 7 Abr 2010 - 10:52

    El evangelio y la cultura del adolescente
    1. Introducción
    El final del primer siglo de la era cristiana fue un tiempo muy difícil para la iglesia. Por un lado, la destrucción de la ciudad de Jerusalén en el año 70 d.c. cambió la naturaleza del judaísmo en forma definitiva.1 En los tiempos de Jesús el judaísmo era pluralista. Toda una serie de grupos políticos y religiosos trazaban sus raíces al Antiguo Testamento. Saduceos, fariseos, esenios, zelotes y cristianos reclamaban ser los herederos de la fe de Abraham. Sin embargo, la caída de Jerusalén en manos del ejército romano destruyó el pluralismo judío. La inmensa mayoría de los líderes religiosos que vivían en Palestina cerca del año 70 fueron asesinados. Los saduceos, los esenios y los zelotes desaparecieron como grupos religiosos organizados. Sólo dos movimientos religiosos sobrevivieron la matanza: los fariseos y los cristianos. Ambos grupos tenían líderes importantes fuera de Palestina: los fariseos en Babilonia y en Alejandría; los cristianos en Asia Menor, en Grecia y en Roma. La confrontación no se hizo esperar. Los fariseos declararon a los cristianos «herejes» y los expulsaron de las sinagogas. Por eso, a partir del año 70 d.c., el fariseísmo rabínico se convirtió en el judaísmo normativo.
    Por otro lado, el final del primer siglo marcó un cambio en las relaciones entre el imperio romano y la iglesia cristiana.2 Al principio, los romanos vieron el cristianismo como una secta judía más. La fe judía era la única religión monoteísta lícita en el imperio. Mientras los demás pueblos tenían que adorar al Emperador—repitiendo la confesión «Cesar es el Señor»—los discípulos de Moisés estaban protegidos por lo que se llamó el «Decreto judío». Este acuerdo les permitía a los judíos continuar su práctica de adorar un solo Dios. Sólo exigía que los judíos ofrecieran sacrificios diarios en honor al Emperador romano en el templo de Jerusalén.
    ¿Cuándo comenzaron los romanos a perseguir a los cristianos? Podemos destacar tres etapas en el conflicto. Durante la primera etapa los romanos vieron con toda razón las controversias entre fariseos y cristianos como una disputa entre sectas judías. Por ejemplo, en el año 49 d.c. el Emperador Claudio expulsó a los judíos de Roma, indicando que un tal «Cresto» estaba agitando al pueblo.
    La segunda etapa surgió a medida que los romanos notaron el ingreso de más personas de trasfondo pagano en las filas del cristianismo. Los romanos no podían comprender por qué los cristianos adoraban a un dios invisible que no tenía templo alguno. Por esta razón, los acusaban de toda suerte de maldades, desde la inmoralidad sexual hasta el canibalismo. Ya para el tiempo de Nerón, los romanos estaban convencidos de que el cristianismo era una «superstición». Estas percepciones erradas justificaron la persecución, el encarcelamiento, y hasta el asesinato de creyentes en la capital romana.
    La tercera etapa fue la más larga y la más seria. Los cristianos se rehusaban a participar de los actos públicos en honor al Emperador y se negaban a afirmar la divinidad del Cesar, afirmando que «Jesucristo es el Señor». Esto llevó a los romanos a acusar a la iglesia cristiana de tres crímenes capitales: ateísmo, traición y «odio a la humanidad». Por eso el emperador Domiciano comenzó la primera persecución «general» contra los cristianos cerca del año 95 d.c. Líderes cristianos fueron despojados de sus bienes, torturados, encarcelados, humillados públicamente y hasta asesinados. Una vez más, la sangre corría sobre el cuerpo de Cristo.
    II. La Primera Epístola del Apóstol Juan
    Quizás ahora comprendan un poco mejor por qué les indiqué al principio que el final del primer siglo de la era cristiana fue un tiempo muy difícil para la iglesia. Expulsada fuera de la fe judía que la vio nacer y perseguida por las autoridades romanas, la iglesia se veía arrinconada. Los creyentes en Cristo Jesús se convirtieron en «los otros»; en el grupo minoritario al cual era lícito perseguir; en las personas desechables que podían ser exterminadas; en los mártires cuyas muertes a manos de las fieras servían de diversión a los ciudadanos «honorables».
    Es precisamente en medio de ese ambiente de persecución y desdicha que Juan, un anciano discípulo de Cristo, escribe su primera epístola. Se cree que la carta fue dirigida originalmente a las comunidades cristianas en Asia Menor, específicamente a la iglesia en Efeso. Sin embargo, el mensaje de este hermosa epístola ha sido «palabra de Dios» para toda la Iglesia de Jesucristo a través de las edades.
    El mensaje de 1 Juan se relaciona directamente con la situación histórica que narramos anteriormente. El Apóstol había visto a la iglesia crecer de un puñado de hombres y mujeres que caminaban con Jesús hasta convertirse en el movimiento religioso más importante del siglo. Juan había vivido en carne propia todas las etapas de los conflictos entre la comunidad cristiana, el judaísmo y el gobierno romano. El anciano discípulo comprendía claramente la situación en que se encontraba la iglesia: la comunidad cristiana se había convertido en una subcultura religiosa que predicaba un mensaje contracultural.
    Expliquemos brevemente la diferencia entre «cultura», «subcultura» y «contracultura»:
    • La «cultura» es el ambiente social en el cual se desarrolla la vida humana. Se compone de las normas de conducta, las costumbres, las opiniones comunes, la forma de vestir, los ritos, las actitudes y los valores religiosos que hereda y transmite una sociedad a través de sus idioma y sus tradiciones.3 La función fundamental de una cultura es transmitir la historia y los valores que moldean a una sociedad dada.4
    • La «subcultura» es la cultura propia de los grupos pequeños que forman parte de una sociedad.5 Por regla general, estos grupos tienen sus propias creencias, valores y normas de conducta.6 En particular, es común que las minorías étnicas y religiosas tengan sus propias «subculturas». Las relaciones entre la «cultura dominante»—aquella que es compartida por la mayoría de la población—y las subculturas de estos grupos marginales provoca tensión social. Por eso, la cultura dominante tiende a tratar de eliminar las subculturas. Si los grupos minoritarios se someten a los valores de la cultura dominante, pueden asimilarse, integrándose así al grupo dominante. Ahora bien, si los grupos minoritarios intentan separarse de o transformar a la mayoría, pueden surgir confrontaciones violentas que conduzcan hasta la guerra o el genocidio.
    • Cuando una subcultura se declara abiertamente en contra de los valores y las prácticas del grupo dominante se convierte en una «contracultura» o «cultura alternativa».7 Es decir, la «contracultura» cuestiona y desafía las instituciones, los ideales y las creencias de la cultura dominante. Esta confrontación entre la cultura dominante y la subcultura casi siempre implica cierto grado de tensión social y violencia.
    Después de haber definido estos conceptos, volvamos a nuestra afirmación inicial sobre la situación de la iglesia cuando se escribió 1 Juan. La comunidad cristiana era un grupo minoritario que estaba desarrollando una «subcultura» distinta a la cultura judía (dominante en Palestina) y a la cultura grecorromana (dominante en Asia Menor, la costa mediterránea de Egipto, Grecia e Italia). Esta «subcultura cristiana» afirmaba valores y prácticas diferentes a las creencias y las normas de conducta aceptadas por los romanos. Por su impulso misional y evangelístico, la iglesia se entendía obligada a predicar el mensaje «contracultural» del evangelio. Quizás ahora podamos comprender por qué los romanos respondieron tan violentamente a la prédica cristiana. Entendieron correctamente que los valores cristianos chocaban con los valores grecorromanos.
    ¿Cómo expresa 1 Juan este conflicto entre los valores cristianos y los valores de la cultura dominante? La epístola expresa este conflicto por medio de la palabra «mundo» (gr. «kósmos»).8 Este vocablo, del cual se deriva la palabra española «cosmos», se emplea en 1 Juan en dos sentidos distintos.
    • En primer lugar, la epístola usa la palabra para referirse al mundo habitado. Por ejemplo, 1 Juan 4:1 dice que «muchos falsos profetas han salido por el mundo». Del mismo modo, en 1 Juan 2:2 se emplea como sinónimo de «gente» cuando dice que Jesús murió por los pecados de «todo el mundo». En estos versículos, así como en 3:17 y 4:3, 9, 14, 17, el vocablo se emplea sin carga negativa alguna.
    • En segundo lugar, 1 Juan emplea la palabra «mundo» para referirse al orden social dominante. Este orden social está dominado por «el maligno» (5:19), es decir, por Satanás. Ese orden social maligno valora cosas tales como «los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida» (2:16). Por definición, estos valores mundanales se oponen a los valores del reino de Dios. No es posible compartir los valores del «mundo» cultural dominante y los valores «contraculturales» cristianos al mismo tiempo. Es necesario hacer una elección.
    Aquí llegamos al corazón de 1 Juan. Hay dos caminos a seguir: la «luz» y las «tinieblas» (1:5–7). Quienes viven en la luz perseveran en la «verdad» y luchan por la «vida». Por eso son llamados «hijos de Dios». Por el contrario, aquellas personas que viven en las tinieblas practican la «mentira» y cooperan con las fuerzas del mal, del pecado y de la «muerte». Quienes viven en las tinieblas son «del mundo» y colaboran con «el maligno», el príncipe del mal que está en el «mundo».
    En cierto sentido, el propósito principal de 1 Juan es preparar a la iglesia para una «guerra cultural». Es en este contexto que encontramos un pequeño poema que dice:
    [12] Os escribo a vosotros, hijitos,
    porque vuestros pecados os han sido
    perdonados por su nombre.
    [13] Os escribo a vosotros, padres,
    porque conocéis al que es desde el principio.
    Os escribo a vosotros, jóvenes,
    porque habéis vencido al maligno.
    Os escribo a vosotros, hijitos,
    porque habéis conocido al Padre.
    [14] Os he escrito a vosotros, padres,
    porque habéis conocido al que es desde el principio.
    Os he escrito a vosotros, jóvenes,
    porque sois fuertes
    y la palabra de Dios permanece en vosotros,
    y habéis vencido al maligno.
    1 Juan 2:12–14
    Sí, 1 Juan busca preparar a la iglesia para predicarle el mensaje del evangelio a un «mundo» que no quería escucharlo. Por eso le advierte que será «odiada» por el «mundo» (3:13). Por eso le recuerda que «mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo» (4:4). Por eso le exhorta a mantenerse firme en la batalla, recordándole que:
    Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios?
    1 Juan 5:5
    III. El evangelio y la posmodernidad
    Aunque 1 Juan fue escrita hace poco más de 1,900 años, su mensaje continúa vigente. La iglesia de Jesucristo hoy—en Puerto Rico, en los Estados Unidos, en América Latina, y en el resto del mundo—está en una situación similar a la iglesia del primer siglo. La iglesia contemporánea es una subcultura religiosa que predica un mensaje contracultural. Atrás ha quedado la ilusión de que vivimos en «países cristianos». Si bien el cristianismo ha sido la religión dominante en el mundo occidental desde el siglo cuarto de la era cristiana, la verdad es que el cristianismo verdadero siempre ha sido contracultural. Para aquellos que formamos parte de grupos minoritarios esto no es noticia. Lo hemos aprendido de los hombres y las mujeres de fe que combatieron la intolerancia religiosa y fundaron nuestras iglesias evangélicas latinoamericanas en un país continente «católico». Lo hemos aprendido de los héroes y las heroínas de la fe que combatieron el racismo y fundaron nuestras iglesias hispanas en los Estados Unidos, un país nominalmente «protestante».
    Entonces, ¿qué ha cambiado? La filosofía contemporánea afirma que la humanidad está entrando en una nueva era: la posmodernidad.9 Una de las características de la posmodernidad es la incredulidad hacia los «metarelatos» o las «narrativas maestras» que fundamentan la cultura occidental.10 Otra característica es la relectura de la historia desde el punto de vista de las comunidades que han sido tradicionalmente marginadas (las mujeres, los grupos étnico-raciales, los grupos religiosos marginales, etc.). Aún otra característica es la «deconstrucción» de aquellas ideas que se consideran opresivas.11 Todo esto ha llevado a la filosofía contemporánea a examinar el cristianismo nominal anglo-europeo … y éste no ha pasado el examen. El pensamiento posmoderno afirma que la «cristiandad» occidental está en ruinas. Por esto la cultura occidental está perdiendo el «enchape» cristiano que la ha caracterizado desde la conversión de Constantino. Estamos entrando a una época «post-cristiana».
    Esto implica que la iglesia ya no puede darse el lujo de pensar que compartes una base cultural cristiana con las personas no-creyentes que puedan llegar a nuestros templos. Tenemos que aprender a ver nuestros países como campos misioneros, donde hay personas que nunca han escuchado el mensaje del evangelio. En resumen, la iglesia contemporánea tiene la tarea de proclamar un evangelio «contracultural» a una cultura dominante «posmoderna» y «post-cristiana».
    III. El evangelio y la adolescencia
    Uno de los desafios más grandes que enfrenta la iglesia contemporánea es predicar el evangelio a la juventud actual. La adolescencia es una etapa muy importante en el desarrollo humano. En cada sociedad, la juventud forma un segmento importante de la cultura dominante. Hay sociólogos que llegan a decir que la juventud tiene su propia subcultura.12 Esta subcultura incluye sus preferencias y gustos en la moda, la música y la forma de vestir. También se caracteriza por la importancia que se les otorga a las amistades y a los grupos de «pares» (en inglés, «peer groups», que pueden llegar a ser más importantes que los propios familiares. Otra característica es el desafío hacia los valores y las actitudes de las personas adultas y la apertura a experimentar nuevos estilos de vida.
    Ahora bien, si queremos predicarle el evangelio a la generación joven, debemos ir mucho más allá de esta breve definición. Por esta razón, vamos a dedicar el resto de este capítulo a examinar tres sub-temas: qué es la adolescencia, la cultura de la adolescencia actual, y un breve apunte sobre el papel de la iglesia ante la cultura de la adolescencia.
    A. ¿Qué es la adolescencia?
    Como indicamos anteriormente, la adolescencia es una etapa particular en el desarrollo del individuo. La misma comienza con la llegada de la pubertad y se extiende hasta la temprana adultez.13 Es común subdividir la adolescencia en tres etapas:
    1. La adolescencia temprana: Por lo regular, esta etapa comienza a los 12 años y se extiende hasta los 15. Durante esta etapa se llega a la pubertad, alcanzando así la madurez sexual.
    2. La adolescencia mediana: Se extiende desde los 15 a los 18 años. Durante esta etapa se termina la educación escolar (la llamada «escuela superior» en el sistema estadounidense; la «preparatoria» o el «bachillerato» en los sistemas educativos latinoamericanos).
    3. La adolescencia tardía: Esta etapa puede extenderse hasta los 24 años. Incluye los años universitarios (de los 18 a los 22) de quienes alcanzan la educación superior. Durante esta etapa la persona escoge su oficio o carrera; se independiza económica y emocionalmente de los padres; y establece sus primeras relaciones amorosas duraderas.
    Durante la adolescencia ocurren toda una serie de cambios físicos, intelectuales, y sociales. Podemos afirmar que el propósito principal de la adolescencia es formar la identidad de la persona. Para lograr esto, es necesario que la persona enfrente en forma positiva los cambios que experimentará durante la adolescencia, que llegue a conocerse a sí misma, y que determine sus creencias y valores.
    La iglesia puede jugar un papel muy importante en el desarrollo juvenil. Por un lado, puede ofrecerle a la juventud el sistema de creencias religiosas y valores humanos que necesita desarrollar para encontrarle sentido a la vida. Por otro lado, puede ofrecer una comunidad de apoyo que ayude a la persona joven a desarrollar su sentido de identidad.
    B. La cultura de la adolescencia
    Existe una gran diferencia cultural entre las personas jóvenes y las adultas. El mundo contemporáneo ha cambiado significativamente en los últimos diez años. Los aparatos electrónicos profetizados por las tirillas cómicas de Flash Gordon y Dick Tracy hoy son una realidad. Hasta las cosas que muchos de nosotros recibimos recientemente como avances tecnológicos significativos—como los discos de pasta flexible de 33 revoluciones y las cintas de ocho canales («eight tracks»)—han quedado en el olvido. Pasemos, pues, a examinar brevemente las características de la cultura de la adolescencia.14
    1. Es individualista y privatizante: En nuestra cultura individualista la mayor parte de los jóvenes—así como la mayor parte de los adultos—piensan primeramente en su mundo personal. Sus preocupaciones giran en torno a su propia vida amorosa, familia, amistades, estudios, trabajo, y futuro económico.15 Estas preocupaciones se han agudizado por diversos factores. Entre otros, podemos indicar que el período de escolaridad necesario para alcanzar una profesión rentable ha aumentado en forma considerable. La educación universitaria prácticamente se ha convertido en una necesidad. Esto aumenta el período de tiempo que la persona debe depender de sus padres. También limita la entrada de la persona al mundo del trabajo, limitando a su vez sus recursos económicos. Es necesario que la juventud aprenda a manejar efectivamente las tensiones que conlleva la adolescencia. Quienes sucumben ante la presión corren el peligro de caer en el abuso de bebidas alcohólicas, el uso de drogas ilegales, los desórdenes en el consumo de comida, la conducta sexual autodestructiva, y hasta el suicidio.16
    2. Es solitaria: Vivimos en un tiempo donde las relaciones familiares están en crisis. Se estima que el 50% de los matrimonios que comenzaron a mediados de los años setenta en los Estados Unidos terminarán en divorcios. Para segundos matrimonios el estimado es aún más alto, llegando a casi 60%. Se estima que hay cerca de 1.2 millones de divorcios cada año. Casi 3,000 niños ven a sus padres divorciarse cada día. Se cree que la tercera parte de los adolescentes estadounidenses han visto a sus padres divorciarse. Se estima que casi el 60% de los niños nacidos en la década de los noventa vivirán sólo con uno de sus padres durante parte de su niñez.17 La mayor parte de estos jóvenes terminarán viviendo en familias no-tradicionales, ya sea viviendo sólo con uno de sus padres o participando de una nueva familia «reconstituida».18 El problema mayor radica en que la mera compañía no cura los sentimientos de soledad. Del mismo modo, el estar físicamente solo no la aumenta. Este tipo de «soledad» es mucho más que la separación física de otras personas. Es pariente del temor a la futilidad, del miedo al «no-ser», y de la falta de sentido que caracteriza nuestra sociedad.19
    Quizás todo esto explique el aumento de los espacios que Marc Augé, un antropólogo francés, llama los «no lugares».20 Estos son los espacios sociales anónimos donde una persona puede estar completamente «sola» en medio de una multitud. El «no lugar» por excelencia es el centro comercial (en inglés, «shopping center» o «mall»). Los centros comerciales son como refugios para los jóvenes, ya que encuentran en ellos lugares a los cual pueden entrar sin que nadie les pregunte quienes son y donde pueden estar sin supervisión alguna. Por lo regular, las personas que trabajan en un «mall» son perfectas extrañas que no se molestarán en llamar a los padres de un adolescente para informarles sobre su conducta. Además, en el «mall» el dinero es ley; siempre y cuando se tenga el dinero suficiente para pagar lo que se compra o se consume, el adolescente puede presuponer que será tratado como si fuera un adulto. Ejemplo de esto es el acceso que tienen los adolescentes a películas restringidas (identificadas por una «R» en el sistema estadounidense). Gracias al fenómeno de los «cineplex» (los teatros que presentan simultáneamente varias películas en diferentes salas), una adolescente puede comprar una taquilla para ver una película y entrar a ver cualquiera de las otras. Por lo regular, después que se pasa la boletería la supervisión adulta en estos «cineplex» es mínima.
    3. Es «pluralista»: Gracias a los adelantos tecnológicos, la juventud actual tiene mucho más acceso a personas de diversas culturas y religiones que las generaciones anteriores.21 La televisión nos trae «en vivo y en directo» eventos que ocurren en rincones distantes del mundo. Las comunicaciones telefónicas—incluyendo la transmisión de facsímiles—facilitan la comunicación con el resto del mundo. Las redes de computadoras («Internet») nos permiten comunicarnos con personas de otros países por el precio de una llamada local. El transporte aéreo facilita el intercambio y la migración de ideas. La afluencia económica nos permite viajar con mayor frecuencia. Este contacto con culturas, filosofías y creencias que hace 30 años parecían «exóticas» puede contribuir a la confusión que caracteriza la adolescencia.
    4. Es «electrónica»: Nuestros jóvenes han crecido en un mundo dominado por los estímulos audiovisuales. Vivimos rodeados por la radio, la televisión, el cine, las computadoras, los juegos electrónicos, y los aparatos reproductores de música.22 El problema es que los programas, las películas, los juegos, y la música que transmiten y venden los medios de comunicación no son moralmente «neutrales». Por el contrario, cada cual presenta una o más filosofías, creencias, valores y estilos de vida. Como bien dijera Daniel S. Schipani en su magnífico libro Comunicación con la juventud, los medios de comunicación masiva presentan una gran variedad de «currículos» en nuestra cultura. Estos «planes educativos» compiten por cautivar la atención y asegurarse la lealtad de la juventud.23 Permítanme llamarles la atención a ciertas características de algunos medios de comunicación masiva:
    • La televisión: La mayor parte de los personajes de televisión no participan de la religión organizada.24 Fuera de la lujosa misa de bodas en las novelas mexicanas, la religión brilla por su ausencia. En la mayor parte de las series dramáticas y cómicas nadie va a la iglesia; no hay ministros protestantes; y las pocas personas religiosas que puedan aparecer casi siempre son débiles de carácter o corruptas. Fuera de algunos programas que fomentan algún tipo de ideología «new age»—particularmente las series dramáticas sobre ángeles cómo «Highway to Heaven» y «Touched by an Angel»—la única «religión» que predica la televisión es el ateísmo práctico.25
    • El cine: Las películas de cine son uno de los vehículos más importantes que emplea la cultura estadounidense para transmitir sus valores. Por ejemplo, casi todas las películas de dibujos animados producidas por la compañía Disney afirman que el valor de una mujer depende del hombre con quien se casa. La «pequeña sirenita» abandona a su padre y hace un pacto con una bruja para ir tras su galán. La «bella» se somete al abuso verbal y emocional de la «bestia» hasta conquistarlo. La Pocahontas de Disney tiene un romance con el capitán Smith cuando en la «vida real» Smith fue su padrino de bodas. Otro ejemplo es la búsqueda del éxito a toda costa. En la década de los 80 surgió la tendencia a «ganar» en el cine las guerras que se perdieron en los campos de batalla. Chuck Norris hizo una tríada de películas tituladas «Missing in Action» donde el personaje central regresaba a Vietnam a rescatar soldados norteamericanos que habían quedado atrás. El mismo Norris protagonizó la película «Delta Force», donde rescató a los rehenes norteamericanos que fueron raptados en el Líbano. Lo interesante es que en «la vida real» esos prisioneros de guerra murieron en Vietnam y la libertad de los rehenes fue adquirida por medio de la venta de armas a Irán.
    • La música: Este tema es tan amplio que merece un libro aparte. Nos limitaremos a enumerar los géneros principales de la música popular. En inglés los géneros musicales principales son el «rock»; la balada «pop»; la balada afro-americana, mejor conocida como «R&B» (la abreviatura de «rhythm & blues»); la música bailable («dance», conocida antes como «disco»); la música alternativa («alternative» o «new age»); el «rock pesado» («heavy metal»); y el «rap». Cada uno de estos géneros tiene diversas subdivisiones. Quizás la música en inglés menos apropiada para nuestra juventud sean la variante del «heavy metal» conocida como «black metal», «hardcore» o «Satan metal»; y el «gansta rap». El «black metal» toca temas satánicos y el «gansta rap» glorifica la conducta criminal.
    • En español encontramos dos grandes divisiones en los géneros musicales populares: los «adaptados» y los autóctonos. Los géneros «adaptados» son las versiones en español de los géneros norteamericanos, es decir, el rock en español, la balada «pop» en español, etc. Entre los autóctonos podemos enumerar el bolero, la música folklórica, la «Nueva Trova» y la música tropical (la «salsa» y el merengue, entre otros). También hay algunos géneros híbridos, como el rap en español. Mientras el rap estadounidense se basa en patrones de rock y de «rhythm & blues», el rap en español emplea patrones de «reggae» y de calipso «soca» (el llamado «meren-rap» no se basa en el merengue tradicional sino en el moderno, que es más calipso que otra cosa). Quizás la música menos apropiada para nuestra juventud sean la balada erótica, algunas manifestaciones del Rock en español, la «salsa sex» y el merengue de «doble sentido».26
    • No podemos terminar esta sección sin mencionar cómo las agencias de publicidad explotan los problemas personales de la farándula. Es común que los cantantes graben temas que aluden a su agitada vida amorosa. Podríamos citar literalmente docenas de ejemplos.27 Es preocupante cómo estas personalidades públicas—muchas de las cuales son admiradas por la juventud—permiten que sus publicistas ventilen sus problemas en revistas de farándula y en programas de televisión.
    Nuestra juventud está tan acostumbrada a los estímulos electrónicos constantes que la soledad y el silencio se les hacen insoportables.28 Por eso caminan constantemente con equipos de sonido portátiles (los «walkman») o con juegos electrónicos de bolsillo (como el «Game Boy» o los «Giga Pets», entre otros).
    5. Es consumista: Otra función de los medios de comunicación masiva es transmitir anuncios y exhortar al consumo. La televisión es la fuente principal de exposición a la publicidad. Se estima que los anuncios ocupan el 20% del tiempo televisado por las estaciones comerciales. Esto implica que un niño promedio ve cerca de cinco horas de anuncios cada semana. Esto se traduce en poco más de 1,000 anuncios semanales.29 Los anuncios pueden ser muy efectivos. Por ejemplo, en 1988 la compañía RJR Nabisco estrenó el personaje de «Joe Camel», una dibujo animado inspirado por espías de cine y detectives de televisión. En los años subsiguientes el promedio de fumadores adolescentes menores de 18 años subió de 0.5 a 32.8%. Se estima que para el 1991 la venta ilegal de cigarrillos marca «Camel» a jóvenes menores de 18 años subió de 6 a 476 millones de dólares; la cuarta parte de las ventas totales de la compañía durante ese año.30 El personaje fue retirado del mercado a mediados del 1997 por la presión ejercida por el gobierno federal sobre la compañía tabacalera.
    ¿Por qué los medios de comunicación masiva orientan tantas campañas publicitarias a la niñez y a la juventud? Porque la juventud posee mucho dinero para uso personal. Se estima que los niños estadounidenses entre 4 y 12 años cuentan con 9 millones de dólares anuales en dinero para uso discrecional («spending money»). Además, por su habilidad de persuadir a sus familiares para que compren tal o cual cosa, se cree que influencian un total de $130,000 millones anuales. En el caso de los adolescentes, se estima que influencian el gasto de $248,700 millones.31
    Otro aspecto que alienta el consumo es la presión que siente la juventud de tener la ropa, los zapatos, el auto, y el trabajo «correctos» para ser aceptados por sus «pares». Estas cosas cuestan dinero. Por lo tanto, la juventud de hoy vive bajo una gran presión económica.32
    C. El papel de la iglesia
    Aunque toda persona joven está inmersa en esta cultura de la adolescencia—quiéralo o no—no todas responden de la misma manera a las presiones sociales. Varios estudios sociológicos entre la juventud norteamericana han demostrado que existe un marcado contraste entre las personas jóvenes que asisten regularmente a la iglesia y aquellas que carecen de formación religiosa alguna. La juventud cristiana difiere tajantemente en su sentido de responsabilidad moral; su deseo de una vida llena de sentido; la participación religiosa; la acción social; la forma de verse a sí mismos; sus sentimientos por la gente; su certeza de la presencia de Dios: y una orientación positiva hacia la congregación, la sociedad de jóvenes, y la familia.33 Del mismo modo, la incidencia de sexo prematrimonial, el consumo de bebidas alcohólicas y el uso de substancias controladas es mucho menor entre la juventud cristiana.
    ¿A qué se debe esta diferencia? Jesucristo es la diferencia. La juventud cristiana ve la vida en forma distinta, ya que su perspectiva está informada por los valores del reino de Dios. La juventud de la iglesia tiene en alguna manera una subcultura única.
    IV. Conclusión
    Para terminar, volvamos a 1 Juan. La epístola afirma que la comunidad cristiana es una «subcultura» que está predicando un mensaje «contracultural» a la cultura dominante. Es decir, 1 Juan afirma que los creyentes somos los hijos y las hijas de la «luz», que predicamos el mensaje salvífico de Cristo a aquellas personas que están perdidas en el «mundo». Esa predicación implica una batalla espiritual. La juventud cristiana tiene que tomar parte en esa batalla. Dios la llama a enfrentar la presiones culturales de la adolescencia y a ser instrumentos de Dios para rescatar a otras personas jóvenes que todavía están en el «mundo». Y podrán hacerlo «porque son fuertes y han vencido al maligno».

    Jiménez, Pablo A.: Introducción a Los Ministerios Juveniles. Decatur, GA : Libros AETH, 1997, S. 11


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    Solo un buen siervo esta dispuesto a servir siempre.

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